El Síndrome de Oz: cuando la educación confunde diplomas con aprendizaje

Estrategia$
Lunes, 11 de mayo de 2026 

Hace unos días el titular de la Secretaría de Educación en México, Mario Delgado, anunció que habría un ajuste al calendario escolar, consistente en cerrar de manera anticipada el ciclo escolar 2025-2026 ― acción que significaría quitar entre 5 y 7 semanas de clases ― argumentando la "extraordinaria ola de calor que se está viviendo en estos días" y la realización del Mundial de Futbol. 

Independientemente de las inconformidades que surgieron de inmediato, esta decisión es uno más de los múltiples ejemplos del desprecio por las reglas que obligan a un sistema de enseñanza pública de calidad y de cómo el país se gobierna a base de ocurrencias.

Por décadas, las políticas educativas se manejan de conformidad a procesos y no de aprendizajes. Así, se ha dado énfasis en certificar a la juventud en vez de educarla. Para destacar esta realidad, utilizo una metáfora que he denominado el “Síndrome de Oz”.

La idea me surgió de la película “The Wizard of Oz” (El Mago de Oz realizada en 1939), misma que es una adaptación de la obra de L. Frank Baum “The Wonderful Wizard of Oz”, un clásico de la literatura infantil. Al final de ésta, hay una escena donde el personaje del Mago le entrega un diploma al “Scarecrow” (espantapájaros u hombre de paja), como medio de solución a su falta de inteligencia. No le enseña nada, no lo somete a un proceso formativo ni le ofrece herramientas de aprendizaje. Simplemente le otorga el papel y, como por arte de magia, el espantapájaros comienza a recitar fórmulas algebraicas para luego añadir: “¡Oh Señor, qué felicidad. ¡Ya tengo cerebro!”.

El cómico acto anterior tiene un paralelismo con la realidad del sistema educativo mexicano. Desde hace años, especialistas advierten que nuestro sistema parece operar bajo una lógica similar: creer que la emisión de certificados equivale a la adquisición de conocimientos. 

Las cifras lo confirman. Los gobiernos presumen altas tasas de cobertura y certificación, mientras los resultados de aprendizaje cuentan otra historia. 

En la prueba PISA 2022, México retrocedió a niveles similares a los de 2006, ubicándose por debajo del promedio de la OCDE en matemáticas, ciencias y comprensión lectora. Se reveló que el 95% de los estudiantes no alcanza niveles de competencia avanzada. Que la mitad de los jóvenes que terminan secundaria no domina operaciones básicas. Y que la pandemia de Covid-19 profundizó brechas que ya eran estructurales.

Aun así, la maquinaria burocrática sigue produciendo diplomas con eficiencia admirable. El papel avanza; el aprendizaje no.

El Síndrome de Oz no es casualidad. Es producto de incentivos que premian la aprobación automática, la promoción sin dominio y la obsesión por indicadores administrativos. El sistema mide cuántos alumnos pasan de grado, no cuánto saben. 

A esto se suma una cultura social que sigue viendo el diploma como pasaporte de movilidad, aunque el mercado laboral ya no confía en él. Cada vez más empresas aplican pruebas de habilidades porque el certificado de estudios dejó de ser garantía.

La simulación educativa tiene consecuencias profundas:  estudiantes que avanzan sin bases, maestros presionados a aprobar sin apoyo real, padres que confían en un papel que no asegura nada y autoridades que celebran cifras que no reflejan la realidad. Esto no sólo es irresponsable, sino que puede ser peligroso.

México es un país en el que, como el personaje de Dorothy en la película, prefiere no mirar detrás de la cortina por temor a lo que pueda haber. No obstante, urge adoptar ese mismo acto de valentía: recorrer el telón que oculta las fallas y reconocer que los diplomas no bastan. Que el conocimiento no se decreta ni se certifica por mandato. 

El conocimiento se construye a base de medir aprendizajes con rigor, profesionalizar la docencia, reorientar incentivos y devolver a la escuela su función central de enseñar a pensar. 

Y mientras no se entiendan estos principios, el país seguirá bajo el hechizo del Síndrome de Oz.