BC en crisis económica que el gobierno prefiere no ver

Estrategia$
Lunes, 4 de mayo de 2026 

En economía, como en medicina, el primer paso para curar una enfermedad es reconocer que existe. Baja California (BC) padece la recesión económica más profunda de los últimos 16 años, según datos dados a conocer por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), aunque el gobierno estatal insiste en que todo va bien.

El Indicador Trimestral de la Actividad Económica Estatal (ITAEE) revela una recesión técnica indiscutible: tres trimestres consecutivos de contracción en 2025 (-0.8%, -2.0% y -0.5% en el primero, segundo y tercero, respectivamente). En 2024, la economía cerró con una caída del -0.12 por ciento. Así, van dos años consecutivos en territorio negativo, una situación no vista desde la Gran Recesión de 2008-2009.

Lo peor es que la tendencia negativa probablemente continue durante el primer trimestre de 2026, especialmente después de que la economía mexicana se contrajo 0.8% en comparación con el trimestre anterior (con cifras desestacionalizadas), registrando su peor inicio de año desde 2020. Aunque el país creció un leve 0.2% interanual (frente al 1T de 2025), la tendencia secuencial muestra una desaceleración, con caídas en agricultura, manufactura y servicios.

En este contexto, pareciera que el gobierno estatal perdió la información de Inegi. La gobernadora, Marina del Pilar Ávila Olmeda, sigue proclamando que BC es "sinónimo de productividad, innovación y prosperidad". Que ha crecido "de manera continua por cuatro años". y que ocupa el cuarto lugar en inversión extranjera directa. Todo esto resulta parcialmente cierto, pero omite ver el elefante en la sala: la economía se contrajo, el empleo se derrumbó y el sector manufacturero dejó de crecer al ritmo necesario.

En el cuarto trimestre de 2025, las actividades primarias —agricultura, ganadería, pesca— colapsaron -18.2%, mientras que en el país el sector crecía 7.16%. El Valle de Mexicali, tradicionalmente fértil y dinámico, enfrenta desde hace tiempo una crisis hídrica que ha reducido las exportaciones agrícolas a su nivel histórico más bajo. Y dadas las negociaciones en curso con el vecino del norte para reducir aun más la entrega de agua del Rio Colorado, el panorama no es prometedor.

En el mismo periodo, las actividades secundarias —manufacturas, construcción, electricidad— se contrajeron -1.5 por ciento. Con ello, la manufactura local acumula 34 meses consecutivos a la baja. Por su parte, se reporta que la construcción registró una caída del 21.3% en facturación. 

Solo las actividades terciarias —comercio, servicios, turismo— mostraron un crecimiento modesto del 1.0%, cifra insuficiente para compensar el colapso de los otros dos sectores.

En materia laboral, en diciembre de 2024 BC registró 1,048,271 trabajadores asegurados ante el IMSS. Para diciembre de 2025, el número se redujo a 1,020,980. Una pérdida de 27,291 empleos formales.

La estrategia del gobierno estatal es evidente: destaca indicadores que brillan y guarda silencio sobre aquellos que opacan su pobre desempeño. Así, por ejemplo, presume una inversión extranjera directa por $1.8 mil millones de dólares, aunque ésta represente compromisos y no ejecución inmediata. También, la reducción de pobreza del 30.4% al 14.8%, a pesar de que corresponde al periodo previo a la recesión. Igualmente, el crecimiento de 1.6% en las exportaciones, situación que se explica en que la industria se volvió más productiva, pero con menos trabajadores. Un resultado producto de la automatización que, si bien beneficia a las empresas transnacionales, deja a muchas familias en la calle.

El problema no es que el gobierno mienta, sino que elige cuáles verdades contar. Al omitir reconocer que hay una recesión y, en consecuencia, proceder a diseñar planes de contingencia para remediarla, comete un error que le costará muy caro a la entidad.

Ante la adversidad, el ejecutivo estatal responde con la promesa de llevar a cabo algunas obras: Viaducto Elevado de Tijuana y el Distribuidor Vial en Mexicali. Obras que, entre otras, implican un total de $50 mil millones de pesos en obra pública. Si bien es cierto que construir infraestructura es un paso necesario, no se debe pasar por alto que ésta surte efectos sobre la economía con un rezago de 12 a18 meses. Que no atiende la crisis inmediata del sector manufacturero o la escasez de agua en el Valle de Mexicali. Ni recupera los empleos perdidos en los últimos dos años. Hay que decirlo con claridad: La acción equivale a tratar una hemorragia con un curita.

Las recesiones no se resuelven solas. Se remedian mediante un diagnóstico acertado y a tiempo, a un buen plan para solucionarlo y a una coordinación entre gobierno y sectores productivos para ejecutarlo. En 2008-2009, las autoridades reconocieron la crisis y actuaron en consecuencia. Hoy, dar la espalda solo sirve para prolongar la crisis y el sufrimiento. No se debe pasar por alto que, en economía como en medicina, negar la enfermedad no la cura, la empeora.