Desplome del Empleo Formal: signo de problemas estructurales de fondo

Estrategia$
Lunes, 19 de enero de 2026

La narrativa del gobierno federal insiste en que México vive un momento histórico: nearshoring, estabilidad macroeconómica, récord en remesas e inversión extranjera directa en máximos, entre otros. Pero hay un indicador que no se deja seducir por discursos ni por slogans: el de empleo formal. Y es que cuando se revisan los datos completos de 2025 del IMSS, INEGI y registros patronales la conclusión es incómoda, pero inevitable: el mercado laboral formal se ha debilitado de manera estructural y no coyuntural.

Y Baja California (BC), uno de los motores industriales del país, es un caso emblemático de este detrimento.

Registros del IMSS indican que 2025 México cerró con sólo 278,697 nuevos empleos formales, una cifra que sería aceptable en un año de crisis, pero no en un contexto de relativa estabilidad macroeconómica. Y lo que resulta más revelador aún es que, si se excluyen los empleos que resultaron de la prueba piloto de las plataformas digitales, la creación neta se reduce a una cifra preocupante de 72,176 plazas.

En 2024, el país generó alrededor de 651 mil empleos formales, lo que implica que, en 2025, la cifra cayó 57 por ciento. Con ello, el crecimiento promedio anual del empleo formal pasó de 3.4% a 1.25%. Y si se eliminan los efectos de añadir las plataformas el crecimiento real fue sólo de 0.32%, un resultado de estancamiento prácticamente.

A lo anterior se suma un dato que debería encender alarmas en cualquier país: el registro patronal lleva 19 de los últimos 20 meses en caída. Y es que, menos patrones significa menos empresas formales, es decir, menos capacidad para generar empleo y, por ende, menos dinamismo económico.

Mientras tanto, la Población Económicamente Activa (PEA) crece alrededor de 1.5% anual, lo que significa que cada año cientos de miles de personas terminan en la informalidad porque el aparato productivo formal no logra absorberlas.

Si el panorama nacional es de preocupación, el de Baja California debería ocupar titulares.

En abril del año pasado, el estado registró 1,020,980 trabajadores asegurados, una caída de 27,291 respecto al año anterior (–2.6%). Fue el mayor desplome anual entre todas las entidades. Para diciembre, la entidad cerró con la pérdida de 13,399 puestos de trabajo, una disminución anual de –1.3% en empleo formal.

Pero el dato más grave no está en los trabajadores, sino en las empresas: En abril de 2024 se tenían 41,959 patrones. Para el mismo mes de 2025 se reportaron 39,167 patrones, una disminución de–2,792 empresas formales (–6.65%). En diciembre de 2025, el registro cerró en 38,801 patrones confirmando una tendencia descendente casi continua.

En paralelo, la informalidad laboral subió de 36.9% a 37.7%, y más del 30% de los ocupados se encuentran en condiciones críticas de empleo. 

En pocas palabras: Baja California pierde al mismo tiempo empresas, empleo formal, y calidad laboral.

Los datos apuntan a que el deterioro laboral en el país obedece a factores estructurales y no a fluctuaciones estacionales producto de una insuficiente Inversión privada para sostener el crecimiento del empleo; restricciones en materia de energía eléctrica y de agua, que frenan ampliaciones industriales; una productividad estancada, que limita la capacidad de absorber costos laborales; una carga regulatoria y fiscal elevada para la capacidad de las pymes, mismas que son las primeras en desaparecer; informalidad persistente, que compite de manera desleal con empresas formales; un nearshoring concentrado en pocos jugadores, de uso de capital-intensivo en vez de generador de empleo; automatización creciente en manufactura exportadora; inseguridad y extorsión, que operan como un impuesto oculto a la formalidad y, a un clima de incertidumbre como resultado de diversos cambios legislativos, particularmente, la reforma judicial.

En el caso de Baja California, se suma un fenómeno particular: la desconexión entre el discurso del nearshoring y la realidad del empleo formal. La región recibe inversión, sí, pero no en la magnitud ni en los sectores que generan empleo masivo. Y las PYMES locales —que deberían ser las grandes beneficiarias— están desapareciendo del registro patronal.

Cuando un país crece sin generar empleo formal, lo que crece no es la prosperidad, sino la precariedad. Y cuando un estado industrial como Baja California pierde empresas y trabajadores formales, lo que se erosiona es su capacidad estructural para competir.

El nearshoring no se mide en anuncios ni en discursos, sino en la creación de empresas nuevas, empleos formales, y cadenas de valor fortalecidas. Y en esos indicadores, lamentablemente México y Baja California vienen retrocediendo. Debemos insistir en señalar que, sin una estrategia real de competitividad, formalización y valor agregado, no solo la oportunidad histórica del nearshoring corre el riesgo de desvanecerse sino que podemos enfrentar la salida masiva de empresas de exportación hacia otras latitudes que ofrezcan mejores opciones.

El gobierno puede continuar celebrando récords de inversión extranjera, de remesas y, en un futuro cercano, los beneficios del mundial de futbol. No obstante, mientras el empleo formal caiga y el registro patronal se erosione, la economía mexicana no pasará de tener, en el mejor de los casos, resultados mediocres.